sábado, 20 de octubre de 2012

Adiós


Me gustan las anclas porque no me permiten concentrarme- algo de lo que honestamente deberías aprender- en vez de divagar por miles de océanos buscando las verdades, buscándome y buscando el amor.  Aunque también las anclas me dejan estática (en esto, solo en eso puedo darte la razón) me dejan varada en una porción de agua flotando a la deriva, quitándome experiencias y tiempo que quizás ya no necesite.

¿Y qué?, también tu ancla interior te impidió traspasar mi portal. Encontrarme, pero ya no en los libros de historia o en las canciones, para ya no surgir con cualquier excusa de tus versos favoritos, pero la historia nunca terminara, cumpliremos nuestro ciclo y moriremos, pero vamos a estar juntos, por más que no lo quieras, por más que no lo sientas y por más que ambos seamos más catastróficos que una guerra de mil días.

Destruiste (yo también destruí) mi (oh) nírico ser, que ya no es ni Ardis Hall ni mucho menos, es la albaquía de lo que alguna vez podría haber sido. Pero podrías tomar toda la distancia que nos separa y convertirla en algo mejor (conoces de eso, sino mírame). Pero yo me que quedaría anclada en tus infiernos aunque ahora ya ni siquiera me pertenezcan, por más que los enfrié con mis lagrimas y desaparezcan.  Pero no fui dotada con la fuerza de la resistencia, si con la de la cordura y la (desgraciadamente) razón, que perro mundo ¡justo a mi regalarme la razón!, ahora mismo podría enloquecer, ensimismarme a un nivel desconocido y seria extrañamente feliz.

¡Aunque si, todavía me encantaría hundirme en esas dos profundidades que posees por ojos, abundar en los abultamientos de pulmones, de nicotina y correr por las planicies de tu espalda!

Quizás cuando llegue mi primavera infinita pueda brindarle un tributo a mis infiernos y volver a navegar por los océanos de mis miles de almas, conocerme y hastiarme de mí, de todos (de alguien más), encontrarme en un lugar, encontrarme en mi tiempo.  Mirarme al espejo sin distraer la mirada y volver a creer en mis mentiras.  Pero mientras tanto mis huesos están fríos y predicen tormentas, intensas tormentas, que también me harán conocer mi infinidad de almas (y tu infinidad de almas), ensordecerme ante tus parpados y sentir ese ardor que me carcome desde adentro y no me deja olvidarte.

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