sábado, 2 de febrero de 2013

El deseo


En cada calada me acuerdo de tu sonrisas,
de tus ojos radiografiándome.
Me muerdo las uñas,
estoy nerviosa,
fumar en tu portal puede ser arriesgado.

Qué importa,
no hay nada peor que obcecarse.
Obcecarse y perder algo que era importante.
Pero algo he hecho bien,
he rectificado a tiempo,
pues he recuperado esas sonrisas.

Me siento afortunada,
puedo decir que soy la musa
de algunos versos ya escritos,
de algunos deseos ya cumplidos.

No me pongo nerviosa bajo una mirada fija,
sino que salen mis inseguridades.
En el fondo, no entiendo de lo que es el amor.
Claro que no lo entiendo,
nunca ha venido ni de visita.

Quizás esta vez no sea la definitiva
ni la última,
quizás acabe el mundo antes,
quién sabe.

Tal vez enredar mis dedos en tu pelo
sea lo que tenga que hacer,
mejor dicho, lo que quiero hacer.
Perderme en tus miradas,
sentir tus labios en la espalda.

Aquello que un día no quise
y qué por suerte recuperé.
Quizás sea lo mejor,
si no, no hubiera estado presente.

Quizás gastar mis besos en tu boca
sea la razón por la que hoy estoy aquí.

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